El primer equipo en llamar a
las puertas de River pidiendo a Saviola fue el FC Barcelona,
en el verano del 2000. Las negociaciones, sin embargo, no
llegaron a buen puerto y el fichaje fue aplazado una temporada
más. Al finalizar el Clausura 2001, antes de que Saviola
se incorporara con la sub'20 para disputar el Mundial, las
negociaciones se reabrieron. Fueron duras y envueltas de polémica.
El club argentino no quería vender, de ninguna manera,
a la estrella del equipo. El entorno tampoco ponía
las cosas fáciles: la prensa estaba en contra del traspaso,
e inició una cruzada contra los dirigentes barcelonistas.
Ante la insistente negativa de River, Joan Gaspart, por entonces
presidente del FC Barcelona, dejó claro que Cacho,
el padre de Saviola, viajaría de todas formas a Barcelona
para recibir el tratamiento médico que necesitaba.
Los emisarios del Barça se quedaron en Buenos Aires
para intentarlo por última vez. Joan Closa dio un ultimátum
a los 'millonarios', cuyos problemas económicos junto
a la amenaza de que el Barcelona se gastara el dinero en Riquelme
hicieron que replanteasen la situación. Cuando ya estaba
todo encarrilado, fue el club catalán quien enredó
el camino. Pedía una cláusula en la cual el
fichaje quedaba supeditado a la aprobación de la directiva
azulgrana. El presidente de River, entonces, también
quiso esa cláusula para ellos. El precontrato se firmó
con una data de caducidad fijada para el 30 de junio. En Barcelona
se aprobó el fichaje sin dudarlo, pero no pasó
lo mismo en Buenos Aires. Todo se volvía a complicar,
y por si fuera poco, Jorge Valdano, DT del Real Madrid, llamó
en tres ocasiones preguntando por su compatriota. Tras la
negativa de River, pues, fue Javier Saviola quien intervino
en las negociaciones. Hasta ahora se había mantenido
en silencio pero la paciencia se agotó y, tras darle
una última oportunidad a los dirigentes de su todavía
club, publicó una carta donde
solicitaba su traspaso. Presionada por el Barcelona, por el
jugador, por parte de los directivos y afición y por
las deudas, la Comisión Deportiva de River decidió
el 5 de julio aprobar el traspaso de Javier Saviola al Barcelona.
La noticia corrió como pólvora en Argentina,
en Catalunya y, como no, en la concentración sub'20
que a punto estaba de disputar la final del Mundial.
Así pues, una semana después
de finalizar, con victoria, el Mundial sub'20, Saviola tomó
el avión, desde Buenos Aires, para llegar a Barcelona
tras parada en Londres. Fue un trayecto para pensar, imaginar,
lo que se le venia encima. Pero su imaginación no se
aproximó a la realidad. Desconocedor de la pasión
que había levantado su fichaje, Javier se encontró,
en el hall de El Prat, miles de aficionados entonando el nuevo
grito de guerra: 'Savioooola, Savioooola', y cámaras
por todas partes. No se lo podía creer. Tras meterse
en una pequeña habitación, esperando que la
Policía Nacional les abriera paso, montaron en el minibús
que le llevó al hotel donde descansaría unas
horas antes de la presentación oficial.
La rueda de prensa fue un éxito
y, luego, saltó por primera vez al césped del
Camp Nou, su nueva casa. Ese día conoció también
a sus nuevos compañeros. Pasaron los días y
empezó la pretemporada.
Marcó sus primeros goles como azulgrana (en el primer
partido, como presentación, marcó dos en los
primeros 14 minutos), pero en la minigira por Suiza, llegó
la peor noticia de su vida: un cáncer de hígado
venció a Cacho el 2 de agosto del 2001. Saviola regresó
rápidamente a Buenos Aires. "Fue la semana más
dura de mi vida". Inmediatamente después del sepelio,
regresó al stage de Inglaterra con el equipo. No quería
pensar, sólo jugar. El equipo volvió a Barcelona
días después para jugar el Trofeo Joan Gamper
contra el Parma. Era el debut del pibito en el Camp Nou, ante
su afición. Y aquel día no falló: en
el minuto 31, un centro de Geovanni fue rematado a gol por
Javier. Salió corriendo y se levantó, como siempre
había hecho tras marcar un gol, la camiseta. Esa vez
no enseñó el pecho. Apareció una dedicatoria
para la persona que más admiraba, a quien en esos momentos
tenía más cerca del corazón. Su madre,
desde la tribuna, no pudo evitar las lágrimas. La camiseta,
ya utilizada en celebración de un gol en el Mundial,
decía: "Para vos, papi".