SU INICIO EN EL FUTBOL: INFERIORES


River estaba relativamente cerca de la casa de Javi, pero eran palabras mayores. En su barrio había una rivalidad más próxima ya que la gente estaba dividida en dos bandos: los de Excursionistas y los Defensores de Belgrano. Como la cancha de Excursionistas estaba más cerca de la casa de Saviola, es lógico que éste le fuera hincha. Además, Cacho era un apasionado de ese equipo, tanto que cada quince días, con el tío Manolo, iba a ver sus partidos. Nunca faltaron a la cita y a los tres años empezaron a llevar al Pibito. Esos debieron ser los primeros partidos que vio. Y Guillermo Szeszurak, 'El Búfalo', su primer ídolo.

Fue a los cinco años cuando empezó a jugar al 'babyfútbol', en canchas de cemento con Ateneo Colegiales. Siempre jugaba con su inseparable amigo Corrales, él como portero y Javi como delantero. A veces, sin que nadie lo supiera, Javi se escapaba también con los del Club Palermo, luego participó en tres partidos en Río de la Plata, y finalmente jugó en Parque Chás. Y cuando no jugaba allí, lo hacía en el Bosque de Palermo. La cuestión era jugar.

Camino a River

El Parque Chás era uno de los equipos más fuertes del campeonato de fútbol sala. Un gran portero (Corrales) y un gran delantero (Saviola) eran los pilares. El entrenador era Gabriel Rodríguez, un hombre importante en sus carreras: "Nos ayudó mucho. Fue clave", dice Javier. Como muchos otros clubes de la categoría, el Parque Chás tenía un acuerdo de colaboración con River. Los triunfos del equipo no pasaron por alto en la entidad de Núñez, que al final de la temporada convocó a los chicos para someterlos a una prueba de acceso. De todo el grupo seleccionaron a cuatro. Javier, uno de ellos, entraba a River con tan solo ocho años.

Los primeros tiempos fueron duros y con mucha competencia en el infantil del club. Saviola no jugaba siempre porque era demasiado pequeño, y por eso participaba en algunos encuentros de Parque Chás, con quien ganó dos campeonatos. Entonces Rodríguez (entrenador de ambos equipos) recibió una oferta de San Lorenzo e insistió en llevarse a Saviola, a quién le preveía un gran futuro. Sin embargo, la tozudería de Javier lo evitó, ya que él quería triunfar en River.

Vládlen Quevedo Lázaro Ruiz, conocido como Delém, pasó a ser el DT del equipo: "Javier era un jugador pequeño. No obstante las condiciones técnicas estaban. Hacía cosas fáciles en muy poco espacio. Parecía que lo hacía sin esfuerzo. Apuntaba lo que es y no me extraña que ahora esté en el Barcelona. Era un jugador diferente". Corrales también recuerda como a veces sus rivales se reían de su altura. "Yo no lo hacía nunca, porque sabía el genio que gastaba. Si te reías después te hacía un túnel y era peor. Después te lo tenías que tragar. Él se reía el doble".

Saviola estudió en el instituto de River Plate, en el mismo Monumental. Continuó jugando en la categorías inferiores y aunque al principio no jugaba mucho, fue convenciendo con su tenacidad, esfuerzo y goles a los escépticos que recomendaban a su padre que se llevara a casa a ese chaval tan pequeño. El Pibito no se separó de Alejandro Corrales hasta que cumplieron los 16 años, cuando River decidió prescindir de su amigo, al que después volvieron a llamar para recibir una negativa: "Hay un momento en la vida en que decides entre la fiesta o el sacrificio. Yo elegí la primera opción. Javier, la segunda".

Saviola acabó de titular en todas las categorías por las que pasó, pero jugó menos en la novena, la de los más jóvenes, y en la octava. "Era demasiado pequeñito", dice. No obstante, en la séptima y sexta acabó convirtiéndose en el segundo máximo goleador del campeonato un par de veces. Entonces, sin esperarlo, de repente, llegó el momento decisivo. El sueño empezaba a cumplirse.


* La información de esta biografía proviene del primer libro de Saviola, "Un petit gegant".