ORIGEN Y PRIMEROS AÑOS


Pedro Fernández, argentino de la provincia de Mendoza y abuelo de Javier, llegó a España con solo nueve años. Empezó a construir su historia en Alía, un pueblo de Cáceres, dónde pasados unos años conoció a Casiana Yelmo. Se enamoraron con una mirada. Y se casaron. Desafortunadamente, pronto estalló la Guerra Civil y Pedro tuvo que acudir al frente de batalla. Allí mismo recibió la noticia: su mujer estaba embarazada. Poco después cayó preso en un campo de concentración, desde donde fue retornado a la Argentina. Tuvo la suerte de ser argentino, de lo contrario habría sido fusilado. Unos cinco años después, al fin, Casiana y su hijo Pedro desembarcaron en las aguas del Río de la Plata. En Buenos Aires fue donde nació la otra hija de la pareja, Maria Antonia, Mary. Y en Belgrano donde a ésta le presentaron a Cacho. Tras cinco años de noviazgo, el viernes 13 de noviembre del 1970 contrajeron matrimonio.

Cuando Pedro Fernández, el padre de Mary, murió, el matrimonio se instaló en la casa de la calle Dragones, propiedad de los padres de ella. Fueron años muy duros hasta que, el 11 de diciembre de 1981, a las 23.00 horas, nació el único hijo de la pareja. Ochomesino, y pesando a penas 2,400 kilos, el 'Pibito' vino al mundo en una habitación de su casa, con una amiga de Mary asistiendo como partera. Le llamaron Javier Pedro. El primer nombre lo eligió Cacho, y nunca se ha sabido por qué. El segundo fue un homenaje al tío de 'El Conejo', a quien nunca llegó a conocer. "Javi ya daba muchas patadas en la barriga, creo que ya quería ser jugador", dice la madre.

A los nueve
meses, su vida corrió verdaderamente peligro. A Javier le salieron unas manchas en la espalda, en la zona lumbar. El niño dejó de comer y sufrió una diarrea crónica que le reducía las defensas. Sin respuestas médicas, una vecina, Susana, conocida por curar males populares, rezó unas oraciones y milagrosamente se recuperó.

La pelota pronto se convirtió en el centro de vida de Javier. Su madre, Mary, se dio cuenta cuando justo hacía un año. "Recuerdo que queríamos hacerle una foto y no lo podíamos hacer reír. Ni con juguetes. ¿Qué hicimos? Le dimos una pelota y fue increíble la carita de contento que puso". Era una pelota blanca y azul que desgraciadamente tuvo un triste final, acabó aplastada bajo un camión.

La abuela Casiana y Javier estaban muy unidos y durante años compartieron habitación en aquella la casa del 1880 de la calle Dragones. Ella le contaba historias y cuentos, la mayoría aprendidos en España. Era su tierra y Javier, escuchándola, empezó a imaginar aquel territorio con un telón mágico. "Todo eran relatos sobre España y ahí empezó a darme vueltas la idea de este país como el de mis raíces. Un no sé qué se apoderó de mí. Sin haber estado nunca allí ya sentía cierta melancolía, nostalgia. Entonces no me di cuenta de ello, era demasiado chico. Lo entendí cuando ya me hice un poco más grande y se confirmó cuando tuve la posibilidad de elegir mi futuro. Podía haber ido a muchos otros lugares pero preferí España por mis orígenes.


* La información de esta biografía proviene del primer libro de Saviola, "Un petit gegant".